Ayer se hizo pública la separación de Al Gore y su esposa Tipper Gore. Tranquilos que no me he convertido en cronista de sociedad, pero la noticia me ha recordado la historia del enfrentamiento de Tipper y Frank Zappa. Es una bonita historia.
En 1985 Al Gore era senador de los Estados Unidos y él y su esposa tenían una hija, que a la sazón tenía 11 años, llamada Karenna. La niña le insistió a la madre que quería el último disco del genio de Minneapolis Prince, el superventas Purple Rain, y dado que en aquel entonces no podían descargarlo gratuitamente no tuvo mas remedio que salir a compralo (si, entonces las discográficas todavía chantajeaban a las pobres gentes de esta forma).
En fin, madre e hija volvieron de la tienda y la niña puso encantada su nuevo disco, hasta que a la madre por poco le da un soponcio cuando en uno de los temas, Darling Nikki, Prince hace una referencia poco velada de la masturbación (ver comentario de Manuel de la Fuente abajo para mayores detalles).
I knew a girl named Nikki
I guess u could say she was a sex fiend
I met her in a hotel lobby
Masturbating with a magazine
She said how’d u like 2 waste some time
And I could not resist when I saw little Nikki grind
Hasta aquí todo normal. A fin de cuentas ¿A qué madre le gusta la música que oye su hija? Pero claro, no todas las madres están casadas con senadores de los Estados Unidos, y a la tienda se fué de vuelta para reclamar la devolución del artículo para encontrarse con un NO como una casa dado que ya le había quitado el precinto. Y es que por mucha segunda dama que seas con las cosas de comer no se juega.
Ah pero no es Tipper mujer que se arrugue fácilmente y para demostrar de lo que era capaz fundó la Parents Music Resource Center (PMRC), también llamada despectivamente el club de esposas de Washington, que básicamente pretendía la protección de la juventud americana y convencer a la industria discográfica de la necesidad de controlar los contenidos que, pudiendo ser moralmente cuestionables, llegaban sin control a la dulce juventud americana. Para ser exactos, nunca pretendieron censurar o prohibir dichos contenidos sino que se marcara claramente en el exterior de los discos que el contenido podía ser no apropiado para los jóvenes, o bien se mostraran las letras en el exterior, para que los padres juzgaran por si mismos. También proponían el uso de etiquetas para dar a conocer la naturaleza de la ofensa (alcohol/drogas, Sexo, Ciencias Ocultas, etc) y la prohibición de usar mensajes ocultos, como aquellos que al parecer podían escucharse reproduciendo el LP al revés (sic).
Para ilustrar su postura, hicieron pública una relación de quince canciones, apodada “Las Quince Sucias”, que según ellas ofrecían una perversa influencia en las mentes de sus vástagos. La relación era:
A esta lista hay que añadir Strap on Robbie Baby de Vanity y In My House de Mary Jane Girls. Hay que destacar también que el tema de Sheena Easton fue compuesto por Alexander Nevermind, uno de los seudónimos de Prince. Vamos, que le tenían atravesadito.
Debido a la influencia que estas damas tenían (o mas bien sus esposos) la polémica llegó al Senado estadounidense y el encargado de dar el discurso inaugural fue el Sr. Al Gore estando por un lado la PMRC con su esposa al frente y por otro un grupo de artistas que se oponían a la medida, fundamentalmente por ir en contra de la Primera Enmienda, y entre las cabezas visibles del grupo estaban Frank Zappa, John Denver y Dee Snider, uno de los componentes de Twisted Sisters. La voz cantante la llevó Zappa que llegó a llamar “Terrorista cultural” a Tipper.
La perversa medida que proponen no aporta ningún beneficio real a los niños, va contra las libertades civiles de los que no son niños, y desde luego va a llenar de trabajo a los juzgados durante años. F. Zappa.
Al final de todo el proceso nada menos que 19 compañías discográficas aceptaron incorporar una etiqueta de aviso en los discos de “cuestionable” moral, y Zappa publicó el disco “Frank Zappa Meets The Mothers of Prevention” en 1985 basado en la investigación del senado. Prince, que lo empezó todo y por el que dieron la cara otros, nunca dijo esta boca es mía. En honor de Tipper Gore, años después, cuando se hizo pública la enfermedad terminal de Zappa, le escribió para darle ánimos y su respeto.
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