Creditalia – Touch of Evil

En 1958 y formaban parte del jurado de la Exposición Universal de Bruselas para elegir la mejor película. Eligieron Touch of Evil (Sed de Mal), de Orson Welles, en su último intento de dirigir una película dentro del sistema de estudios americano.

No funcionó. La película fue relegada a un cajón y solo distribuida a hurtadillas en algunas salas y, como era ya tradicional con Welles, con un montaje distinto al originalmente planificado por el director.

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No mires ahora

Hace años, paseando embelesado por Venecia con mi esposa, nos dimos cuenta de que habíamos perdido la noción del tiempo, de que no teníamos ni idea de dónde estábamos, y de que el último vaporetto que debía llevarnos de regreso al hotel al otro lado del canal estaba a punto de zarpar.

Atravesar Venecia a toda prisa, sin un mapa, anocheciendo, cruzando puentes y plazuelas desiertas, y probablemente en círculos es una experiencia que no estoy seguro de poder recomendar.

La memoria te juega malas pasadas. Las imágenes venecianas de aquella carrera las recuerdo con total nítidez y son el recuerdo mas vívido que tengo de esa apasionante ciudad (y fantasmagórica en cuanto desaparecen los turistas). En mi memoria estas imágenes, curiosamente, se confunden con las del estreno de Amenaza en la Sombra (Don’t Look Now, 1973), de Nicholas Roeg.

Roeg es una las muchas decepciones que me dió el de los setenta. Afamado director de fotografía que trabajó con , por ejemplo, en Farenheit 451 (1966), dio el salto a la dirección con Performance (1970) y parecía convertirse en el nuevo Kubrick cuando tres años mas tarde adaptaba un cuento corto de Daphne du Maurier, Romantic Sludge, y lo convertía en Don’t Look Now. Un trío protagonista formado por Donald Sutherland y la siempre maravillosa Julie Christie, que nunca estuvo mas hermosa y triste, pero por encima de todo Venecia como escenario de este thriller en el que la pareja intenta reponerse de la pérdida de su hija de una forma que no pueden imaginar.

Hay varias imágenes que se me quedaron grabadas de la película, la muerte de la hija en la primera escena, o la cópula de la pareja protagonista, una de las mas hermosas jamás rodadas, intercalada con imágenes del futuro, recurso recurrente en todo el metraje. Lástima que el final no esté a la altura del resto de la película, pero como sólo ocurre con los clásicos no es lo que te cuenta lo que importa, sino el cómo lo hace. Y lo hace de forma sugerente y perturbadora.

Tenía estas imágenes claramente en mi retina, hasta que ayer volví a verlas, y siguen conservando toda su fuerza y belleza, pero también descubrí que cuando se estrenó yo apenas tenía siete años, por lo que es imposible que la viera hasta mucho después.

Menos mal que mi mujer estaba en Venecia conmigo.

¿O no?

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On Connait la Chanson

Durante los dias que estuve en Quebec tuve la ocasión de recuperar esta película francesa de 1997 de Alain Resnais que arrasó en los premios César de su año. No fue un buen año para el francés, fagotizado por El Quinto Elemento de Luc Besson.

connait chansonRecordado principalmente por dos de las cumbres del francés e internacional como Hiroshima Mon Amour (1959) y sobre todo El Año Pasado en Marienbad (1961), Resnais ha sido el hermano menor de una generación de directores franceses (, Rohmer, Malle) que con el tiempo le han ido dejando atrás, se rodea en esta ocasión con una troupe de actores con las que ha trabajado de forma recurrente, especialmente la pareja formada por Bacri y Jaoui, que actúan y también escriben el guión de este homenaje declarado a Dennis Potter y usa el mismo truco narrativo: El uso de canciones, en este caso francesas evidentemente, de varias épocas, en sus versiones originales, mientras que los actores hacen playback.

El problema con esta película, a pesar de sus indudables cualidades, es que todo se ha visto antes. Si extirpamos los segmentos musicales nos queda una historia hasta cierto punto irrelevante de las interacciones entre seis personajes que hemos visto mejor contada en infinidad de películas francesas.

A pesar de todo, es una película que se puede disfrutar enormemente gracias a un tono optimisma y jovial y a un elenco de actores que evidentemente se conocen perfectamente y a la innegable pericia de un director que conoció tiempos mejores.

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