La Historia de Mi Vida

Aquellos que me leen habitualmente deben tener una mejor idea de sobre qué escribo que yo mismo. Pero creo que todos estaremos de acuerdo en que no es éste un diario tecnológico. Sin embargo, repasando mis estadísticas de visitas veo con asombro que tras años de escritura los dos artículos mas visitados de la historia de esta vuestra casa son una solucion a un problema con Outlook que me encontré, y a un relato con mi experiencia con el Servicio Técnico de Asus.

Cuando acabé el bachillerato empecé a trabajar inmediatamente, pero me apasionaba la Física y fui aceptado en la Facultad en la UNED, donde estudié durante tres arduos años tras los cuales solo conseguí aprobar la asignatura de… Química.

Es la historia de mi vida.

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La inacabable discusión sobre la gestión de los en los tiempos actuales se ve constantemente trivializada por comentarios como los de Michael Lynton, CEO de Sony Pictures Entertainment que comenta en su blog, culpando a de todos los males.

Hay que ser muy persistente para aislar el “ruido” que rodea todo este tema e intentar acceder al meollo del asunto. y la gran mayoría de internautas que piensan como él (y que se molestan en argumentar su posición) suelen usar principalmente los siguientes razonamientos:

1. Es imposible controlar , ergo hay que admitir cualquier actividad y combatir cualquier intento en sentido contrario.

2. Es necesaria una nueva definición de “autor”.

El problema ético es de esta postura es consecuencia directa de su origen: Se han creado unas normas éticas especificamente para justificar ciertos comportamientos, en lugar de aplicar normas, las que sean, ya existentes. Aparte de su inherente incoherencia, tiene el problema de dar a un rango que en verdad no tiene, siendo nada mas que el medio.

Para mi el primer argumento es tan débil que me cuesta combatirlo. ¿Debemos aceptar un comportamiento simplemente porque sea posible? ¿O porque sea imposible combatirlo? ¿Y por qué no despenalizamos el asesinato, si siempre va a haber asesinos?. Lo peor de la argumentación no es el inherente pragmatismo o materialismo que desprende, que sería respetable por si mismo, sino el hecho de que solo se aplica según les interesa, en otra muestra mas del que nos invade.

El segundo argumento es mucho mas interesante pero aunque pueda parecer lo contrario es irrelevante, dado que fuera cual fuera el sentido de autor que queramos convenir, el problema subyacente seguiría sendo el mismo: ¿Debemos ignorar los deseos del “autor” simplemente porque podemos?

Si os molestáis en visitar el artículo en cuestión veríais que con alguna excepción mi postura, reflejada en mi comentario es no solo minoritaria sino inmediatamente contestada con insultos o condescendencia. Es la postura de los anti-. Como ya he dicho la no es mas que un sindicato que pelea por lo que cree son los derechos de sus afiliados. Lo que sus acciones puedan parecerme no les exime de mi respeto (ni de mi crítica)

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Estos días estoy leyendo un libro llamado “Historia Íntima de la Humanidad”. Un apasionante ensayo del filósofo e historiador francés Theodore Zeldin (Palestina, 22/8/33) en el que viaja por las relaciones humanas a través del tiempo a partir de entrevistas con personas actuales. No es un estudio cronológico sino de historia transversal, es decir, salta a través de las épocas mediante aquello que las unía, enfocado naturalmente en lo (poco) que han cambiado las relaciones entre los seres humanos. Dos cosas me han llamado la atención mientras lo leía:

Cada capítulo de este libro comienza con el retrato de una persona real y describe su situación particular. Desamor, adicción al trabajo, nostalgia de una vida más aventurera y otros tantos casos, típicos de este final de siglo, sirven a Theodore Zeldin para realizar una fascinante pirueta temporal y conectar con otras civilizaciones, otros pueblos ya extinguidos, y encontrar almas gemelas de las contemporáneas entre los aztecas, los babilonios, los yorubas… Esta obra, por tanto, tiene algo de historia, pero es una historia peculiar, donde se habla sobre ese pasado que todavía vive en la mente de las personas. Se describe el mundo, pero se trata de un nuevo mundo, sutil, de relaciones íntimas, muy diferente del mundo territorial en el que los humanos se identifican por el lugar donde viven y trabajan, sus pasaportes o sus saldos bancarios. Zeldin ha sabido captar el intento del hombre y la mujer contemporáneos por escapar de la realidad vista como un bloque monolítico, y abrir los ojos a nuevas relaciones entre lo personal, lo local y lo universal.

1. Este libro lo compré y lo dejé apartado hasta que le llegara su hora. Ahora me he dado cuenta de que esto ocurrió en 1997. Es decir, tengo un retraso acumulado de aproximadamente doce años. No es algo de lo que me sienta orgulloso, y evidentemente ha habido casos en que algunos se han saltado la cola, pero esto hace que el libro posiblemente esté descatalogado, al menos en su versión traducida (Alianza Editorial, ed. 1997, isbn 9788420694764)

2. Mientras lo leía no podía evitar la sensación de que faltaba algo, de que había un factor en este relato de relaciones humanas que no estaba ahí, que el cuadro no estaba completo y carecía de cierta dimensión. Tardé un tiempo en averiguar lo que era: . Escrito a mediados de los noventa estaba únicamente en sus inicios y simplemente no existía a efectos de este libro. Lo cual me lleva a pensar en lo increibles que han sido estos años y en cómo las relaciones humanas han pasado a otra dimensión. Yo mismo estoy en contacto diario (prácticamente en tiempo real) con amigos de otros continentes, y les llamo amigos porque realmente lo son, aunque en su mayoría jamás les haya conocido en persona.

Ha sido una década apasionante en este sentido e imagino que la sociología se encargárá en su momento de estudiar este fenómeno social cómo se merece. Si alguien puede recomendarme alguna lectura en este sentido estaré agradecido. Prometo leerlo antes del 2015…

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