Erich Wolf Segal (RIP)

Hace pocos dias fallecía después de veinte años de lucha con el parkinson Erich Segal, conocido principalmente por ser el autor de la novela Love Story y el  guionista de la película homónima de 1970, el melodrama por excelencia. Prácticamente su experiencia con el cine se limitó a esta película y a su secuela, Oliver’s Story.

Pero éso no bastaría para aparecer en este blog. Si he dicho “prácticamente” es porque unos tres años antes tuvo su primer contacto con el cine al escribir el guión (junto a otros tres guionistas) de Yellow Submarine (1968) de Los Beatles, esa película destinada al fracaso.

Los cuatro de Liverpool habían firmado un contrato con United Artists para realizar tres películas al comienzo de su carrera. Hicieron dos, Help! (1965) y A Hard Day’s Night (1964), pero las cosas habían cambiado mucho y los Beatles ya estaban en otras cosas y lo que menos les interesaba era participar en otro proyecto cinematográfico. Tan desinteresados estaban que ni siquiera doblaron sus voces en la pelicula ni a componer ninguna canción. Se limitaron a permitir el uso de algunas canciones ya grabadas.

Pero cuando vieron el resultado final les gustó tanto que rodaron una escena para el final, una especie de “visto bueno” en imagen real que se añadió precipitadamente al final de la película.

Y es que el Submarino Amarillo es uno de los momentos cumbres de la animación y de la psicodelía. Una verdadera gozada de principio a fin rodada, no es casualidad, al mismo tiempo que 2001 de Kubrick, fieles reflejo de una época que empezaría su degradación poco después con Woodstock. Pero por aquel entonces todavía el A-M-O-R era todo lo que hacía falta y, en menor o mayor medida, Erich Segal contribuyó a ello. Y por éso sí que merece aparecer aquí. Ëste es un club exclusivo, ¿Qué se creían?

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No mires ahora

Hace años, paseando embelesado por Venecia con mi esposa, nos dimos cuenta de que habíamos perdido la noción del tiempo, de que no teníamos ni idea de dónde estábamos, y de que el último vaporetto que debía llevarnos de regreso al hotel al otro lado del canal estaba a punto de zarpar.

Atravesar Venecia a toda prisa, sin un mapa, anocheciendo, cruzando puentes y plazuelas desiertas, y probablemente en círculos es una experiencia que no estoy seguro de poder recomendar.

La memoria te juega malas pasadas. Las imágenes venecianas de aquella carrera las recuerdo con total nítidez y son el recuerdo mas vívido que tengo de esa apasionante ciudad (y fantasmagórica en cuanto desaparecen los turistas). En mi memoria estas imágenes, curiosamente, se confunden con las del estreno de Amenaza en la Sombra (Don’t Look Now, 1973), de Nicholas Roeg.

Roeg es una las muchas decepciones que me dió el cine de los setenta. Afamado director de fotografía que trabajó con Truffaut, por ejemplo, en Farenheit 451 (1966), dio el salto a la dirección con Performance (1970) y parecía convertirse en el nuevo Kubrick cuando tres años mas tarde adaptaba un cuento corto de Daphne du Maurier, Romantic Sludge, y lo convertía en Don’t Look Now. Un trío protagonista formado por Donald Sutherland y la siempre maravillosa Julie Christie, que nunca estuvo mas hermosa y triste, pero por encima de todo Venecia como escenario de este thriller en el que la pareja intenta reponerse de la pérdida de su hija de una forma que no pueden imaginar.

Hay varias imágenes que se me quedaron grabadas de la película, la muerte de la hija en la primera escena, o la cópula de la pareja protagonista, una de las mas hermosas jamás rodadas, intercalada con imágenes del futuro, recurso recurrente en todo el metraje. Lástima que el final no esté a la altura del resto de la película, pero como sólo ocurre con los clásicos no es lo que te cuenta lo que importa, sino el cómo lo hace. Y lo hace de forma sugerente y perturbadora.

Tenía estas imágenes claramente en mi retina, hasta que ayer volví a verlas, y siguen conservando toda su fuerza y belleza, pero también descubrí que cuando se estrenó yo apenas tenía siete años, por lo que es imposible que la viera hasta mucho después.

Menos mal que mi mujer estaba en Venecia conmigo.

¿O no?

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Dracula

Anoche tuve el placer de disfrutar de la primera versión de Dracula, rodada en 1931 por, principalmente, Tod Browning, e interpretada por Bela Lugosi. Un clásico de la Universal a caballo entre el cine mudo y el sonoro. De hecho se rodaban, cosa habitual en aquella época, tres versiones al mismo tiempo: La conocida, una versión en español – considerada por muchos superior y mas sexy, ya que estaba libre de censura al estar destinada para el exterior – y una versión muda, dado que en aquella época muchos cines aun no disponían de la tecnología necesaria para reproducir el sonido.

Desde el punto de vista estrictamente cinematográfico la llegada del sonoro fue un desastre sin paliativos. La creatividad se estancó durante muchos años y el nivel artístico y técnico retrocedió varios años y tardó casi una década en recuperarse.

La cuestión es que las obras de cine mudo eran muy superiores a las sonoras, y aun así actualmente apenas hay acceso a estas obras para las nuevas generaciones. Recuerdo con qué frecuencia se emitían en televisión cortometrajes mudos, fundamentalmente comedias de Keaton y Chaplin, en televisión.

Pero volvamos al primer Dracula “oficial”, dado que el Nosferatu de Murnau (1922) se hizo sin permiso. En aquella época no existían las bandas sonoras propiamente dichas. El público aún tardaría un poco en aceptar que la música sonara de pronto, sin conocerse su fuente, por lo que no fue hasta 70 años mas tarde que se recurrió a Philip Glass para componer una banda sonora propiamente dicha. Si tenéis la oportunidad oid esta versión. la partitura de Glass es de las mas bellas que jamás ha compuesto para una película, y es un ejemplo de como acometer un proyecto de estas características, o simplemente conseguid la versión del Kronos Quartet.

Siempre me gusta poner las cosas en su contexto: Pensad que la pelicula considerada como la primera con sonido como parte integral fue El Cantor de Jazz (The Jazz Singer, 1927). Hitchcock rodaría su primera sonora un par de años mas tarde, Blackmail, y este Dracula, ya plenamente sonora, se hizo apenas cuatro años mas tarde. Pero es que en 1939, unos diez años después, se estrenaba Lo Que El Viento Se Llevó (Gone With The Wind), y Hitchcock preparaba el rodaje de Rebecca (1940). ¿Soy el único que considera esta evolución una de las maravillas del arte del siglo XX?

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