Cool (West Side Story)

En los sesenta dos coreógrafos dominaban . Su rivalidad  alcanzaba niveles de simple enemistad. Eran y . Ambos habían dado la vuelta a la danza contemporánea y se vigilaban de reojo para ver qué se inventaba el otro.

El mayor éxito de Robbins fue sin duda la adaptación musical de Romeo y Julieta llamada West Side Story. Su apoteósico éxito hizo que fuera cuestión de tiempo que se preparara la versión cinematográfica pero Robbins no tuvo la confianza de la productora United Artists que sí había obtenido Fosse, y se terminó llegando a una solución de compromiso: Robbins dirigiría las escenas musicales exclusivamente y Robert Wise todas las demás. Ambos aparecerían como directores en los créditos.

Pero Robbins pagó la novatada y quizá para dejar su impronta en la parte que le tocaba y quizá también por su bisoñez en el mundo del se concentró tanto en sus escenas que provocó que los plazos de producción y el presupuesto inicial se dispararan. A pesar de los avisos siguió alargando durante semanas el rodaje buscando la perfección absoluta rodando una y otra vez los números y provocando lesiones y mal ambiente entre los bailarines. Al final la productora no aguantó mas y despidieron a Robbins de forma fulminante antes de acabar su trabajo, por lo que Wise se hizo cargo del resto y de la post-producción. Wise, que era un hábil artesano del desde hacía mucho tiempo, apreció el trabajo que había dejado Robbins e insistió en que se respetara el acuerdo inicial por lo que ambos siguen apareciendo como directores.

Esta escena de West Side Story, Cool, es una de las que Robbins dirigió y mi preferida de la película. Wise fue lo suficientemente listo (valga la redundancia) como para cambiar la situación de la escena respecto a la obra teatral en el montaje final. Todo en esta escena es impresionante, desde la partitura de a la coreografía ejecutada con una perfección milimétrica por los bailarines, al rodaje en un garaje con un techo increiblemente bajo, el uso de los faros de los coches estacionados o el travelling del minuto 3:25. Es una pena que el mejor video que he encontrado no respete el formato panorámico original pero es lo que hay. Para los que no conozcan la historia la escena se inicia cuando una banda callejera se reúne después de haber sufrido una baja a manos de otra rival…

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The Aloof (Sweet Charity)

Piruetas de la vida. En 1957 Federico Fellini rueda una de sus mejores películas, Le Notte di Cabiria, con la enorme Giuletta Massina, su esposa ya entonces, acerca de la vida de una optimista prostituta que busca el “amor verdadero” por las calles de Roma.

En 1966 se estrena en un musical, Sweet Charity, basado en la película con libreto de Neil Simon y dirigida por con su esposa en el papel principal, que ha pasado a ser de prostituta a bailarina. La obra es un éxito y regresa al como comedia musical, en la que sería la primera película de Fosse. La apuesta es lo suficientemente arriesgada como para que el estudio se atreva a poner a dos noveles al frente y es sustituida en el celuloide por una cara mucho mas conocida de las pantallas en 1969: Shirley MacLaine.

La película no es gran cosa. aún tenía mucho que aprender en todo lo que no era número musical pero en lo que a éstos se refiere los hay impresionantes. Yo siempre me he quedado con The Aloof, en el que aparece la compañía de Fosse sin ninguna estrella de la película. Es evidente que aquí el director se siente mas a gusto rodando y dirigiendo con mano de hierro a sus bailarines.

The Aloof es un número relativamente largo y dividido en tres actos, y en él destaca una de las mujeres mas sexys que recuerdo en el , a pesar de que sólo aparece en éste número y ni siquiera es mencionada en los títulos de crédito de la película: Suzanne Charney como bailarina principal.

La coreografía es una obra maestra de Fosse con todas sus marcas de fábrica, y la divertida música es, como el resto de la obra, de Cy Coleman.

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Michael Jackson (1958-2009)

He esperado a propósito varios dias a que pase la tormenta mediática provocada por la muerte de Michael Jackson. Craso error porque, para empezar, no va a pasar en mucho tiempo y, por otro lado, porque ya se ha dicho todo lo que podría decirse. Desde los artículos elogiosos a los más críticos con su figura, pasando por los que hablan con conocimiento de primera mano.

MJ

Decía Juan Ramón Jimenez: “Comprendo un crítico suficientemente inteligente —rara avis— para hablar bien de lo bueno, o uno lo bastante leído para hablar bien de lo malo o mal de lo bueno; lo que no comprendo es un crítico que hable mal de lo malo”.

Comparto su visión. Mi tiempo es demasiado valioso y escaso para perderlo en cosas que no me gustan, y mucho menos en escribir sobre ello. “No hay mayor desprecio que no hacer aprecio”, decía mi madre…

El conflicto parece ser principalmente hasta qué punto hay que separar el artista del personaje, pero yo lo tengo claro: Totalmente, y la diferencia es muy clara. La información del artista me llega directamente, a través de su trabajo (discos o videos musicales en este caso particular) mientras que el personaje me llega por terceras personas (medios de comunicación, un plano desafortunado, etc).

Lo difícil, una vez separados ambos términos y eliminado el segundo de la ecuación, es distinguir la opinión personal y la objetiva. Probemos…

Me gusta mucho lo que hizo con los Jacksons, y me gustan muchísimo el Off the Wall y el Thriller (evidentemente y John Landis tienen mucho que ver). Desgraciadamente, musicalmente hablando, y a diferencia de (probablemente el último icono vivo) se quedó dando vueltas alrededor de los mismos conceptos musicales. Su talento sólo aparecería en momentos aislados, como en su última obra maestra: ScreaM

Objetivamente, para bien o para mal, su influencia ha sido enorme, y no solo musical. Sus videos musicales llevaron a otra dimensión el lenguaje propio del medio, y si bien originalmente su propuesta era llevar el lenguaje cinematográfico a estos videos, el resultado fue que éste último terminó contaminado por lo que pretendía influir y el legado de películas con estética de videoclip es tristemente apabullante.

Pero hay otra influencia que parece haber sido ignorada y que toca muy de cerca la temática de este blog. Los ochenta marcaron probablemente el punto mas bajo del baile y la coreografía y por extensión del musical, pero aparece este buen hombre y aunque coreográficamente no inventa nada (vean el último video de un antiguo artículo), consigue atraer a un nuevo público a la coreografía y a la danza, y por ende ésta última encuentra una nueva audiencia que le fuerza a innovar.

Es probablemente demasiado pronto de todas formas para calibrar la verdadera dimensión de Michael Jackson, pero he sentido su muerte.

Y para mí es suficiente.

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