David E. Kelley es un tipo con una mezcla explosiva: Es buen guionista, mejor productor y tiene estudios legales, aunque nada de esto se puede comparar a casarse en 1993 con Michelle Pfeiffer, poco después de clausurar una de sus primeras y mas exitosas series: La Ley de Los Angeles (L.A. Law, 1986-1992) y recien estrenada una menos conocida pero igualmente sugerente, Picket Fences. Desde entonces ha ido en busca al parecer de la serie perfecta.
En 1997 estrenaba Ally McBeal, con una expectación y un planteamiento casi perfecto, pero que agotó su propuesta inicial apenas pasadas un par de temporadas. Gracias a su spin-off, El Abogado (The Practice) se fue al extremo opuesto y optó por un producto mucho mas serio y mejor escrito. El punto óptimo parecía estar en algún lugar entre ambas, y por fin dio en el clavo: Boston Legal.
Con unos guiones brillantes y un plantel de actores a su altura, Boston Legal se ha convertido sin duda en la mejor serie “de abogados” que se ha hecho, y recomiendo encarecidamente a todos que le den una oportunidad. Si bien en su primera temporada abusaba de las féminas espectaculares, fue realmente a partir de la segunda cuando empezó a brillar con luz propia. Dos factores que hay que resaltar son:
- Ha hecho añicos “el cuarto muro”, el que separa lo que ocurre en la pantalla del espectador, al estilo de La Rosa Púrpura del Cairo (The Purple Rose of Cairo, 1985), los personajes de la serie son plenamente conscientes de que lo que son, y aluden con frecuencia a su condición: “Apenas te he visto en este episodio”, “No podéis ser los nuevos abogados del bufete, ¡Ya vamos por el cuarto episodio!”, “estoy deseando ver qué sucede en la próxima temporada”, o “No te lies con ella, es sólo una estrella invitada” y hacerlo creible.
- Una cualidad que admiro en los guionistas americanos, y que no se encuentra nunca en el producto nacional, es la ecuanimidad: Boston Legal es una serie con profunda conciencia social y su inspiración es evidentemente demócrata, pero ello no le impide reflejar con pasión al mismo tiempo las ideas republicanas. El personaje principal, Danny Crane, republicano visceral interpretado magistralmente por William Shatner (y no es el único actor de Star Trek que aparece regularmente), es el contrapunto perfecto al serio idealismo liberal de su colega Alan Shore (James Spader). Es una delicia intelectual ver como entre ambos y en los casos que llevan se nos muestran ambas caras de la moneda.
Pero sobre todo, es una serie profundamente divertida… lo cual debería ser suficiente, ¿no?
