Anoche volví a Innisfree. Y volví a recorrer las calles de este pueblo perdido de Irlanda de la mano de John Ford. Y volví a enamorarme de Mary Kate y a entrar en el Cohan pub. Y volví a disfrutar con sus gentes.
Quince años tardó John Ford en ver cumplido su sueño de volver a su tierra natal a rodar El Hombre Tranquilo (The Quiet Man, 1952), y solo una productora accedió finalmente a ello, Republic Pictures, especializada en películas de serie B, y con la condición de reducir el presupuesto. Ni siquiera el éxito comercial de la película anterior de Ford, Rio Grande, les convenció. Tuvo que comprometerse John Wayne a protagonizarla, y a reducir drásticamente su salario, para que accedieran a producirla.
Son muchas las cualidades de esta película, pero por encima de todas es la química existente entre un John Wayne contenido y una espectacular Maureen O’Hara. No en vano protagonizaron juntos cuatro películas, tres de ellas dirigidas por Ford. Y por supuesto Innisfree, ese intemporal pueblo ficticio rodado en un espectacular Technicolor.
Lleno de costumbres y actitudes que hoy en dia serían políticamente incorrectas, es una delicia volver a encontrarse con unos personajes entrañables y disfrutar con un espectáculo sin pretensiones. Llena de escenas clásicas, yo siempre me he quedado con la de O’hara cambiando al gaélico para contarle al cura sus problemas conyugales. Y es que el inglés no es apropiado para según qué cosas…
Podéis ver la escena directamente en youtube, dado que no puedo insertarla aquí.
No hay artículos relacionados.
Etiquetas: irlanda, john ford, john wayne, maureen o'hara, Technicolor