Hoy se acaba todo. A partir de mañana se vuelve a abrir la veda y los que han sacado las banderas españolas a la calle volverán a esconderlas ante el temor de ser acusados de fascistas, derecha reaccionaria y rancia, y otras perlas por el estilo. Personalmente me resulta incomprensible esta efervescencia patriótica por un evento deportivo pero cualquier excusa que haga que los españoles se unan por algo festivo me parece bien. Los ayuntamientos de Barcelona y Bilbao se niegan a poner pantallas gigantes no vaya a ser que alguien vaya y disfute con la selección, o sufra por su derrota.
Pero solo quedan unas horas. El que quiera, que las disfrute, porque mañana será otro día.
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