Olvídense del solo de guitarra mas espectacular, o de la elegancia del piano, o del rítmico batir de una batería. No hay en el mundo instrumento mas hermoso que la voz humana. Hay algo primitivo, atávico, en las sensaciones que provoca y en la reacción que produce al escucharla, y si la persona que la domina, la modula y transmite es alguien como Kurt Elling ese instrumento, la voz, puede inmovilizarte en tu asiento al tiempo que paradójicamente te transporta adónde y cómo quiere.
Llevo varios años asistiendo sin falta a casi todos los conciertos del Portón del Jazz de Alhaurín de la Torre, y he vivido momentos espectaculares como la actuación de John Scofield. La memoria suele jugar malas pasadas pero mucho debería equivocarme si no considero el concierto de anoche como si no el mejor, desde luego el mas hermoso que he presenciado en estos años.
Llegaba Elling directamente de cantar en los jardines botánicos de Augsburgo camino del Algarve portugués. Apareció en escena con su elegancia habitual rayana en la chulería y acompañado de su trio, al que durante esta parte de la gira se ha unido el guitarrista John McLean, y en una noche de temperatura casi perfecta comenzó a cantar. Simplemente. En absoluto es tan fácil como puede parecer.
Tras el aperitivo del Stardust de Hoagy Carmichael y My Foolish Heart de Victor Young entró en materia con su Dedicated To You y su homenaje a John Coltrane y Johnnie Hartman que le valió un Grammy el año pasado y así fue desgranando una serie de estándares del jazz con algún que otro guiño al público latino (incluido solo “Santanesco” de McLean), añadiendo aquí y allá toques de scat y acabando con una espectacular versión del Nature Boy de eden ahbez. Un bis exclusivamente acompañado del pianista Laurence Hobgood con la deliciosa Luiza de Jobim puso el punto final a la velada.
Pero es que no es todo. Es imposible describir adecuadamente lo que Elling consiguió anoche. Literalmente hipnotizó y clavó en sus asientos al público y transformó el bullicio de Mezzoforte en un profundo silencio solo interrumpido en las últimas filas por el coro habitual de irrespetuosos batracios. Su voz de barítono y sus maneras sobre el escenario son implacables y solo cabe rendirse a su magia.
Quizás haya que agradecer a la crisis que estamos viviendo que la organización haya tenido que concentrar en menos conciertos la calidad y la reputación que ha ido labrándose a través de los años porque nos ha dado la oportunidad de asistir a un concierto memorable, y que sea precisamente una de las variedades del jazz menos representadas en el Portón, el vocal, no deja de tener su gracia.
En un momento dado dijo, dirigiéndose al público, “You guys, you know how to live!”. Es posible, Kurt, pero desde luego nuestras vidas son desde anoche algo mejor. Gracias a ti.
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