Archivo para el mes Marzo, 2009

The Dealers en Sevilla

Asistí el sábado pasado al concierto de The Dealers en la sala Malandar de Sevilla con cierta aprensión. El hecho de que se hubieran anunciado principalmente por ser el cantante el hijo de Silvio me hacía temer asistir a una representación de aficionados aprovechando la coyuntura para darse a conocer. En los dos dias que estuve en Sevilla previos al concierto pude comprobar que el concierto no estaba anunciado por ninguna parte y por referencias de amigos la poca publicidad que se había hecho era confusa. Pude comprobar que en la prensa local se equivocaban al dar el lugar del evento e incluso el nombre de la banda (¿¿“The Dillers”??).

Interior del CD de The Dealers con autógrafos de la bandaAdemás asistir a un concierto punk es arriesgado si no se conocen los temas previamente ya que el nivel de distorsión (el de los instrumentos y el habitual de las nulas condiciones acústicas de la mayoría de las salas) te impide apreciar debidamente los temas. Nunca me he sentido engullido por la masa aulladora y suelo permanecer al fondo.

Pero mis temores eran infundados. The Dealers es una banda con empaque, muy bien conjuntada y con evidentes tablas en el escenario que durante algo menos de una hora dieron un concierto consistente y muy entretenido en el que repasaron su escaso repertorio y algunas versiones (excelente la de AC/DC).

Pero aunque la banda londinense tiene la suficiente calidad para justificar la asistencia, la verdad es que la excusa del evento era la segunda parte, en la que la banda se retiraba para dar paso a Luzbel y luego a Sacramento, en ambos casos con el hijo de Silvio (Sammy, digámoslo ya) cantando algunos de los temás clásicos de ambas bandas. Se le agradece que interpretara a su modo y sin intentar imitar al progenitor en su español aprendido de memoria (no lo habla) que en muchos casos era mas comprensible que el de su propio padre.

Entre que el concierto comenzó tarde y que la sala tiene por costumbre finalizar a las doce de la noche, todo acabó cuando el (escaso, por otro lado) personal empezó a calentarse, por lo que no entiendo porqué se interpretaron dos versiones (el Hound Dog de Presley y el Out of Time de los Stones) en lugar de lo que todo el mundo esperaba. Quizá las capacidades mnenomécticas de Sammy estaban al límite o quizás el concierto tenía prevista una duración superior y fue cortado con poco tino.

Lo mejor: Sin duda The Dealers y los cantantes solistas, Sammy y Lauren, aunque podían desarrollar un lenguaje corporal propio y no ser tan deudores de Iggy Pop y Blondie, respectivamente. Lauren Earl, especialmente, fue un descubrimiento que intuyo terminará intentando dar el salto.

Lo peor: La publicidad del evento (El partido internacional de la selección española tampoco ayudó) y una segunda parte un tanto deshilachada.

Hubo varias cámaras asi que es posible que la actuación o partes de ella aparezcan por aquí en cuanto sea posible. La grabación en su mini-CD promocional cuyo primer tema os incluyo arriba no les hace justicia…

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Premio para el señor

No soy amigo de los premios que se transmiten entre blogs, pidiendo a su vez que se nominen a otros. Por su naturaleza este blog no pretende ser mayoritario de manera que el recibir alguna que otra visita mas no es mi objetivo.

Pero este premio es diferente. Para empezar es el primero que recibo, y segundo no pide nada a cambio. Simplemente le ha gustado y se ha acordado de mi a la hora de elegir sus preferidos, lo cual me honra.

El galardonador en cuestión es Il Capo Hispalensis, sevillano y sevillista de pro:

Mejor Blog Diversidad[4]

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La noche

Salgo en pocos minutos para Sevilla. Fundamentalmente para asistir a un concierto. Ya no se lo que es la vida nocturna de Sevilla. Hubo tiempos en que la quemaba, me ponía mi rimmel (si, ¿pasa algo?) y salía a por todas. El ordén era estricto: Comenzaba en Bodegas Salazar (te echo de menos, Leo) en García de Vinuesa, y parábamos al salir en el Pickup, justo enfrente. eran los tiempos en que se podía comprar en la freiduria y llevarla al bar para mojar el pescaito. Gran simbiosis aquélla.

Ya con el cuerpo calentito y bien nutrido recorríamos la miríada de bares que jalonaban las calles, cada uno con su tribu: Los heavies, los mods, los punkis, los rockers, los gays. No encajábamos en ninguno y éramos bien recibidos en todos, como veteranos de la noche.

Hablo del Groucho, del Bourbon, del Poseidón, del Area2, del Bestiario, del Colores, del Berlin, del Sopa de Ganso, de mi querida Alcaicería. Y eso en invierno, en verano migrábamos a Triana, junto al rio.

La mayoría desaparecieron y otros supieron adaptarse a las nuevas generaciones, en las que ya no tenía cabida. Mis hábitos se fueron convirtiendo en diurnos y las tribus desaparecieron engullidas por el tiempo.

Ahora la noche me resulta extraña. La uniformidad me entristece y no es por no vivir allí. Para cuando me fui ya todo era distinto. La mayoría de los amigos o no sobrevivieron, o se casaron, o simplemente se quitaron el maquillaje.

En cualquier caso, desaparecieron…

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