
Yang Chunlin no pensaba asistir a los Juegos Olímpicos de todas formas, pero el gobierno chino se ha asegurado su ausencia enviándolo a un campo de trabajos forzados. Una sola frase (‘Queremos Derechos Humanos, No Juegos Olímpicos’) ha sido suficiente para indignar a un régimen que ha decidido imponer el fervor patrio por el acontecimiento a sus 1.400 millones de ciudadanos.
La campaña contra disidentes, periodistas y activistas de cara a los JJOO forma parte de lo que el principal responsable de seguridad del país, Ma Zhenchuan, describe como la creación de un ‘ambiente social seguro’. La recogida de firmas de Yang en contra de Pekín 2008 –más de 10,000- suponía una gran ‘amenaza para la seguridad del Estado’ a los ojos de la dictadura.
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Uno siempre ha tenido sentimientos encontrados en ese debate: ningún pueblo se merece más la organización de los Juegos que el chino, que ha sabido salir adelante con todo su sacrificio y a pesar de guerras, invasiones, revoluciones que no lo fueron tanto y dictaduras que sí. Y, sin embargo, pocos Gobiernos desmerecen el privilegio olímpico como éste que tanto teme la opinión de sus ciudadanos y que sigue enviando a prisión a aquellos que no comparten la suya.
Escrito desde Pekín y publicado en el blog Crónicas desde Asia.
Boicot a los JJOO de Pekín 2008

