Los “Cuentos de la Luna Pálida de Agosto” de Kenji Mizoguchi fue probablemente la primera película japonesa que vi, y ahora puedo presumir de haber acertado con la elección, aunque no recuerdo que fuera voluntaria.

León de Oro del Festival de Venecia de ese año, la obra de este hombre de 55 años pilló por sorpresa a una Europa que apenas empezaba a sacudirse los últimos rescoldos de neo-realismo italiano. Hay que recordar que en aquella época los premios de los Festivales de europeos aún conservaban el prestigio del que ya carecen.

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